Joker: El día en que el cine de superhéroes dejó de ser una broma

Crítica
Publicado: 18 Diciembre 2019
Escrito por Erick Javier Álvarez Herrera

Cuando nos enteramos de Joaquín Phoenix interpretaría al villano más enigmático y perverso del mundo del cómic, nuestras expectativas subieron cual vuelo de Superman. El actor nominado a tres premios Oscar ya había rechazado las millonarias ofertas de Marvel para interpretar a Hulk y Doctor Strange en su universo cinematográfico; Mark Ruffalo y Benedict Cumberbatch no lo dudaron mucho y se estima que cada uno haya ingresado en los últimos años más de 7 millones de dólares por sus interpretaciones.

Según la revista “Variety”, Phoenix cobró por su papel en “Joker” aproximadamente 4,5 millones de dólares, bastante menos comparado con el Vengador Verde y el Hechicero Supremo, teniendo en cuenta el desgaste físico y emocional del personaje, la cantidad de horas frente a las cámaras y el total recaudado en taquilla por el Príncipe Payaso del Crimen.
Según le comentó a Los Ángeles Times, Phoenix no habría actuado en películas de “súper” para no verse atrapado en la maquinaria blockbuster de la industria, y según sus propias palabras, no encerrarse en algo que realmente no le importara, no lo motivara ni emocionara.

La conocida escela en las escaleras de la película Joker

"Joker" redefine el género

Una vez hablado del protagonista, es hora de referirnos al mito: “Joker”, una película que reescribió las reglas del género y ya es parte de la historia del cine.

La trama gira en torno a Arthur Fleck (Joaquín Phoenix), un payaso a sueldo, con sueños de triunfar en el mundo de la comedia, que vive con su madre enferma en la Gotham City de 1981. La ciudad se hunde en el desempleo, la desigualdad y la violencia; parece un calco de las metrópolis del siglo XXI y no una hipérbola del Nueva York de los años ochenta.

El protagonista sufre de una condición que no se especifica (según la BBC, podría tratarse de una crisis de epilepsia gelástica), esta le provoca irrupciones descontroladas de carcajadas, lo cual le trae serios problemas en una sociedad violenta y poco tolerante.
Solo hay dos elementos que aparecen ininterrumpidamente durante los 122 minutos de filme: Arthur y Gotham City. Lo que empieza como la subordinación y sumisión de Arthur a la sociedad, va cambiando a medida que las relaciones sociales, políticas y humanas son más y más crueles con él. El protagonista lentamente comienza a liberarse de ataduras, tabúes y reglas, forjando así un (loco, violento y peligroso) genuino amor con su ciudad, donde es él mismo, y ella así le termina amando.

Esta película nos recuerda porque nos gustan los cómics. El éxito de DC y Marvel no fueron los puñetazos, poderes, seres galácticos y romances novelescos. Lo que ha hecho a Batman el personaje de historietas más grande de todos los tiempos no ha sido el derroche de efectos especiales, sino que sus tramas nos envuelven de misterio, suspenso, sucesos inesperados, dudas y, finalmente, de mucha reflexión. Eso lo supo hacer Christopher Nolan en su saga de Dark Knight y los hermanos Russo en los últimos episodios de las sagas de Capitán América y los Vengadores.

Las historias y los héroes se hacen grandes cuando abundan las contradicciones, cuando nos identificamos con la humanidad de los personajes y cuando nos invitan al análisis de situaciones complejas, objetivas y reales.

Coincido con los críticos, “Joker” es muy peligrosa. Como dijo su director Todd Phillip, “no es una película sobre la chispa, es sobre la pólvora”. Lo más preocupante es que al acabar el filme queda la sensación de que tenemos más en común con Arthur Fleck que con un multimillonario filántropo que invierte su fortuna en hacer justicia.

Joker es un clásico, la interpretación de Phoenix es referencia para futuros actores y marca un punto de inflexión en el cine de superhéroes. Una película que seguro volveremos a ver en los años por venir.

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