Green Book o el racismo 101

Crítica
Publicado: 22 Junio 2020
Escrito por Arturo Garibay

GREEN BOOK
(Green Book)
Dir. Peter Farrelly

A mediados del siglo pasado existió en los Estados Unidos un cuadernillo conocido como The Negro Motorist Green Book, una guía de viaje para la comunidad afroamericana. En ella aparecía un listado de los sitios y servicios a los que la comunidad de color podía acceder durante un viaje en carretera sin correr riesgo de ser discriminados o violentados por la intolerancia blanca. En ella podían encontrarse hoteles, restaurantes, estaciones de servicio automotriz o puntos turísticos de interés, entre otras cosas.

Es justo de ahí de donde proviene el título de Green Book, la cinta protagonizada por Mahershala Ali y Viggo Mortensen que, a modo de melodrama de época y road movie sentimental, lanza una mirada al tema del racismo en la Norteamérica del siglo XX. Con la gracia y encanto de las comedias dramáticas contemporáneas, el filme entrega un relato diseñado para complacer al gran público sin incomodarlo ni confrontarlo. Es, como se dice por ahí, una película bonita, un relato para sentirse bien, con una moraleja a modo, tejida delicadamente a partir de un tema de discusión necesaria e imperativa. Porque, seamos honestos, el racismo estadounidense es tremendamente mediático, pero eso no significa que ese fenómeno sea exclusivo de la patria del Tío Sam. No. Con sus propias aristas, podemos verlo en otras sociedades y contextos geográficos… como el nuestro.

Basada en hechos reales, Green Book (2019) es la pieza fílmica más templada en la filmografía de Peter Farrelly, el cineasta estadounidense cuya gran película sigue siendo la incontestable, guarra y desgarbada Algo pasa con Mary (1998), co-dirigida junto a su hermano Bobby.

Tonny Lip (Mortensen) es un italoamericano del Bronx, un hombre blanco que es contratado por un renombrado pianista de color, Don Shirley (Ali), para convertirse en su chofer durante una gira que los llevará desde la sofisticada Manhattan hasta el agreste Sur Profundo de los Estados Unidos. Llevando en mano el Green Book, la dupla contrastante (no solo en raza, también en educación y experiencias de vida) encontrarán en este paseo la oportunidad de forjar una amistad inquebrantable y un entendimiento franco, ambos impensables para su tiempo.

green book protagonizada por ali y mortensen

¡Ali y Mortensen son, muy probablemente, los dos más grandes aciertos de la película. Su trabajo es absolutamente impecable. Si bien es cierto que ambos son histriones probados, la química que forjan dentro de la ficción es casi palpable, convincente en cada escena. El duelo de actuaciones es total. No es de extrañar que, al final de la proyección, el público se sienta proclive hablar sobre lo logrado por este par. Pocos actores con semejante solvencia hay en el Hollywood de la actualidad.

Lo ratifico: ellos son la mejor razón para ver Green Book. En una película sobre compañeros de viaje, lo que encontramos es a dos actores convertidos en perfectos compañeros de ejecución dramática. Es un deleite verlos surcar el viaje emocional de los personajes en una carretera de dos extremos: el de la antipatía obligada y el del justo respeto.

Narrada con mucha soltura, con un buen sentido del ritmo y con un trabajo de puesta en cámara bastante consistente, Green Book parece un logro integral. Su talón de Aquiles es, en todo caso, la forma en que aborda un tema tan complejo para darle una resolución simple, que raya en lo inverosímil a pesar de la pericia de Farrelly para lograr una pieza de fácil digestión, con su dosis de lágrimas y enternecimiento.

Y es que Green Book es una experiencia agradable y cómoda. Pero deja la sensación de que no debería ser totalmente así, pues lo que se aborda es un tema que todavía es una herida abierta en una sociedad polarizada, donde un sector de la población sigue siendo violentado sistemáticamente. Si la película busca proponer un escenario de convivencia y coexistencia “ideal”, accesible para todos, está bien, muy bien; solo creo que no es el momento para glorificar un discurso en ese tono cuando hay tanto dolor en las calles, tanta sangre y encono, tanto desdén por todo lo que no sea ario; cuando todavía queda tanto por hacer. Quizás a Green Book le sobre algo de complacencia y le falte una dosis de realidad. Quién lo día, porque está basada en una historia verdadera. Hubiera sido interesante ver esta película con la misma trama, con el mismo desenlace y trayecto dramático, pero con menos romanticismo. Hubiera sido perfecta.

escena de green book tocando el piano

Ciertamente, el hecho de que una película ofrezca un punto de vista luminoso y positivo sobre un tema peliagudo no debería ser motivo para condenarla; sin embargo, es imposible pensar en que el momento histórico demanda algo extra en la forma en que se abordan temas como éste. No es necesario llevar el discurso a los límites de lo incendiario, bastaría quizás con encender una flama de reflexión o sembrar preguntas provocadoras, en vez de ofrecer un relato masticado de principio a fin, como una clase de racismo para principiantes.

Me queda claro que si viviésemos en los Estados Unidos, esta discusión cobraría un tono muy particular. Podemos pensar: “a mí no me interesa lo político, me interesa lo cinematográfico, la historia, las actuaciones”… pero la realidad es que el racismo se ha convertido en un tema tan preeminente, de una resonancia social tal, que no puede ni debe ser reducido al mínimo satisfactorio.

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