An Elephant Sitting Still: Emociones en un cruce de caminos

Crítica
Publicado: 04 Julio 2020
Escrito por Arturo Garibay

AN ELEPHANT SITTING STILL
(An Elephant Sitting Still)
Dir. Hu Bo

La contemplación y la tragedia son los elementos intra y extrafílmicos inevitables a los que uno se enfrenta al ver An Elephant Sitting Still del finado Hu Bo. El primero tiene que ver concretamente con la hechura del filme, la manera en que está bordado y la forma en que sus imágenes viajan por las fronteras de lo cotidiano y lo poético. El segundo tiene que ver con la firma del autor y su legado: una primera y última película, situación que ha resonado en donde quiera que la cinta ha sido exhibida.

Empecemos por este segundo punto: el cineasta chino Hu Bo, quien se suicidó en 2017 a los 29 años de edad, tras haber terminado el montaje de su película, una pieza robusta de cuatro horas de duración y para la que realizó una inversión creativa absoluta. La cinta recogió un par de premios en la Berlinale de 2018 y realizó una buena gira de festivales y muestras, lo que ha permitido que esta pieza fílmica haya sido vista en muchas latitudes.

Ocurre pues que la muerte de Hu Bo termina por incidir en la mirada del espectador y en la forma en que el tono —aciago, parsimonioso— de la película se contagia. Hay algo desolador en cada escena, en cada plano, del que su extinto realizador exprime además mucha belleza. Asumido como un relato sobre el confrontativo acto de existir, no es de extrañar quién llegue a leer la película como una suerte de carta de suicidio. Lo que es cierto, es que esta obra sí lanza una reflexión muy humana y tortuosa sobre los actos de ser, de estar… de existir.

an elephant sitting still escena 1

Respecto al aspecto contemplativo de la cinta, An Elephant Sitting Still es una película construida a partir de planos largos, de la observación y de la integración del tiempo al acto de la mirada. El discurso del filme se desarrolla, pues, desde el desasosiego, el cinismo y una buena cuota de tristeza, con una puesta en cámara tan directa como hermosa. Así, se establece un abrazo audiovisual entre los personajes y sus trayectos.

Un criminal con un suicidio a cuestas, un estudiante que debe enfrentar a su bravucón particular, una joven con una relación secreta que sale a la luz y un anciano que descubre que podría ir a parar a un asilo. Ellos son los cuatro personajes de esta pieza del desencanto donde los caminos nos van transmitiendo el tufo y el sabor de la intersección inminente. Y aquí entra la excusa perfecta de nuestros personajes imperfectos: en ellos hay un ánimo por ir a observar a un peculiar elefante en exhibición, una excéntrica atracción que inadvertidamente podrían compartir. Un elefante vivo y, a la vez, ajeno a la vida y sus implicaciones.

La puesta en cámara nos lleva a una localidad industrial china, un espacio donde la niebla y el vacío cobran un protagonismo peculiar, hasta entregarse a los personajes como sus inexorables parejas de baile, por decirlo de algún modo. Hay una soledad compartida por estos personajes. Su vínculo no se limita a un cruce de caminos circunstancial, tiene que ver con la vivencia del silencio y de la desarticulación del mundo de los otros.

an elephant sitting still escena 2

Los planos contemplativos de los que ya hablábamos derivan en un relato apacible, lento, que no busca el entretenimiento sino el compromiso del espectador. El público que busque esta cinta debe saber que se tendrá que involucrar en las posibilidades de su mirada dentro del encuadre y en los caminos largos, en los silencios de la imagen. La experiencia se parece a una sesión de hipnosis inducida por el cine. Y llegar al estado de trance puede ser satisfactorio para los cinéfilos más recalcitrantes.

Visualmente, lo anterior se complementa con un trabajo de cámara lleno de texturas suaves y elementos difuminados por la neblina. Es, en general, una película donde el gris y la neutralidad se hacen muy presentes en la paleta de color, donde el trabajo de cámara mira siluetas y horizontes que se desdibujan en nada. El trabajo de cámara contrasta lo íntimo y lo imponente bajo sus propios términos.

En este sentido, lo que Hu Bo entrega es una pieza póstuma con mucho estilo y unidad. Con mucha intención. Más que una película en la que llegamos al reconocimiento del yo a través de los personajes y/o circunstancias, se siente como un filme donde hacemos un viaje a terreno ajeno, a la realidad de alguien más. Sabemos reconocer cada espacio fílmico, pero también afrontamos la distancia: estamos en terreno inhóspito y ante los sentimientos de personajes marchitos.

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