Reina de Corazones: El animal sin cabeza [SPOILER]

Análisis de películas
Publicado: 25 Marzo 2020
Escrito por Jorge Rodríguez Patiño

ADVERTENCIA SPOILER: El artículo que va a leer a continuación hace referencia a partes de trama de la película.

Justicia y verdad en Reina de corazones

En Reina de corazones (Dronningen, Dinamarca-Suecia, 2019) la directora May el-Toukhy toma como pretexto la crisis de la mediana edad para hablar de un tema mucho más profundo: el antagonismo entre la verdad y la justicia.

Quid est veritas?, le pregunta Pilato a Cristo. ¿Qué es la verdad? Una pregunta fundamental y que ha venido acompañando a la humanidad por siglos. Igualmente fundamental es la pregunta ¿Qué es la justicia?

La verdad, como bien nos dice Hannah Arendt, tiene un carácter despótico.

La verdad de hecho, si se opone al provecho o al placer de un grupo determinado, se recibe hoy con una hostilidad mayor que nunca.

Verdad y Política

De igual forma, Arendt nos dice que la justicia no es otra cosa que «una dimensión del poder y el castigo es su epítome».

En Reina de corazones, no cabe duda, el poder está del lado de Anne (Trine Dyrholm), abogada respetuosa que, en un intento por recuperar su juventud perdida, decide tener relaciones con Gustav (Gustav Lindh), su hijastro.

Más allá del tabú, lo que comete Anne es un abuso. Gustav no solo es un adolescente confundido, sino que además se encuentra en una posición bastante vulnerable cuando ella comienza a seducirlo. Si bien resulta arriesgado hablar de un enamoramiento de él hacia su madrastra, si existe una emoción intensa, en gran parte motivada por el anhelo de desafiar a su padre (Magnus Krepper) y derrotarlo simbólicamente.

Cuando la relación sexual entre ambos se vuelve insostenible, Anne decide interrumpirla, pero Gustav se muestra renuente. Resentido por el desprecio de su madrastra, decide contarlo todo a su padre, más este se pone de parte de su esposa, no solo porque le resulta más conveniente, sino porque Anne se encarga de tener todo a su favor. Y es que, desde el inicio, Gustav muestra una conducta socialmente reprobable que termina incriminándole. ¿Cómo creerle a un delincuente juvenil que es capaz de robar en su propia casa?

reina de corazones escena del filme

Se trata de la palabra de un adolescente rebelde y con antecedentes penales contra la de una eminente abogada que ha cimentado su carrera defendiendo a víctimas de abuso.

Es precisamente por este último detalle que la fechoría de Anne se vuelve más ruin. Actúa aún sabiendo lo destructivo que llega a ser el abuso de autoridad. Las víctimas a las que ella defiende —jóvenes que han sido violentados de distintas formas— no solo quedan marcadas por el abuso, sino que se enfrentan a una sociedad que no les cree por ser infractores. Algunos —al igual que Gustav— son delincuentes; otros simplemente transgreden las convenciones sociales y el pudor, como la chica a la que defiende al inicio del filme, cuyo mayor temor es que el jurado no crea en su testimonio solo porque se ha acostado con más de cinco hombres.

«¿A qué le temes?», le pregunta la abogada. Ella le responde: «A que no me crean». Su miedo está más que justificado, la sociedad no la respalda y en cuestiones de derecho eso es fundamental. El prejuicio social les impide a todos ellos acceder a la justicia. ¿Cómo pretender que la ley les defienda cuando la sociedad los considera indignos de toda protección?

Lo cierto es que la justicia no es una condición necesaria para el orden social. Para que exista, debe haber, más que verdad, un compromiso con la verdad por parte de la sociedad. Antonio Machado escribió «La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero». No obstante, se le olvida mencionar que antes es necesario que uno u otro decidan decir la verdad. El compromiso con la verdad es, pues, lo que más cuenta.

Anne lo sabe muy bien. Conoce a la perfección ese adagio que dice que la justicia no tiene nada que ver con la verdad sino solo con aquello que puede ser probado. En este caso, Gustav carece de pruebas para demostrar el abuso por parte de su madrastra. Impotente ante la situación, el chico termina suicidándose.

Si bien Anne presenta ciertos rasgos perversos en su personalidad, no llega a ser una perversa del todo. La culpa en ella es determinante y podemos intuir, persecutoria. Anne sabe muy bien, desde el inicio, que sus acciones están mal y siente culpa por ellas. Hasta donde la llevará tal culpa, la directora no nos permite saberlo. Podemos intuir, sin embargo, que se seguirá haciendo presente en actos fallidos semejantes a estrellar su automóvil o mediante la aparición fantasmal de Gustav, que sin duda continuará manifestándose para acosarla.

¿La verdad saldrá a la luz, eventualmente? Es imposible saberlo. Supongo que depende de si el espectador es optimista o pesimista. Al respecto, recuerdo un diálogo de Film Socialisme (Jean Luc Godard, Francia-Suiza, 2010) que dice lo siguiente: «Cuando la Ley no hace justicia, la justicia pasará por encima de la Ley». En lo personal, considero a Reina de corazones como el reverso de dicha frase, toda vez que la cinta no nos presenta la justicia como una Dice con los ojos vendados, sino más bien como un animal sin cabeza.

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