Nothing. Ever. Ends: Watchmen y el relato como un reloj bien sincronizado

Análisis de películas
Publicado: 10 Junio 2020
Escrito por Jorge Rodríguez Patiño

PARTE 1: EL CÓMIC

Ciertamente, Watchmen no fue el único cómic de su época dirigido a lectores maduros, como tampoco fue el primero en tratar temas serios y de gran relevancia en el acontecer político mundial. No obstante, su calidad narrativa suscitó que se convirtiese en el primer cómic en la historia en trascender su medio, logrando que incluso gente ajena a las historietas se animara a leerlo. No por nada es que la revista Time le considera como una de las cien mejores novelas escritas en inglés, junto a La naranja mecánica, El gran Gatsby, Rebelión en la granja y Para matar a un ruiseñor.

Impacto e influencia

Watchmen  supuso —junto con The Dark Knight Returns, de Frank Miller— una verdadera revolución en el género de superhéroes, marcando así el comienzo de una era en la que las historias adquirieron un tono más serio y oscuro, con personajes mucho más violentos y moralmente complejos.

Conocido habitualmente como The Dark Age, este periodo es uno de los más creativos, aunque, económicamente hablando, también es uno de los peores en la industria del cómic, ya que, en su intento de captar lectores más maduros, la mayoría de los títulos se alejó del contenido apto para el público infantil, que entonces era el consumidor más importante. Eso y el hecho de que los cómics comenzaron a ser objeto de especulación comercial son algunas de las principales razones que terminarían dinamitando la industria: Marvel, por dar un ejemplo, se fue a la quiebra.

En cierta forma, podemos considerar que Watchmen contribuyó de forma indirecta a esta situación, más no porque se tratara de una mala historia, sino porque, precisamente, era tan buena que muchos quisieron imitar su estilo sin entender realmente qué es lo que la hacia tan única y original.

wachtmen obra

En efecto, la obra maestra de Alan Moore establece un nuevo estándar para las posibilidades formales y temáticas del género de superhéroes y ayudó, entre muchas otras cosas, a cambiar la percepción de las historietas, colocándolas en una posición artística y cultural nunca antes alcanzada.

No obstante, muchos consideraron que su éxito se debía únicamente a sus temáticas maduras y a su tono áspero, y trataron de repetir la fórmula. El problema consiste en que Watchmen —como todas las grandes obras— no puede definirse por una lista de características ni se le puede restringir en un patrón determinado. Así mismo, el talento de Alan Moore es inigualable, por lo que cualquiera que intente imitar su estilo terminará estrellándose, inevitablemente, contra un muro.

Además, debemos considerar que la serie es, en gran medida, un producto de su tiempo y de ahí su enorme trascendencia. La obra, indudablemente, es de gran calidad gráfica y narrativa, pero su verdadero impacto se debe a que toca temas relevantes para la época en la que fue hecha. Dicho de otra forma, no podemos entender Watchmen sin considerar lo que estaba ocurriendo en el mundo en aquellos años.

Aspecto formal de la obra

La serie está dividida en doce capítulos. Cada uno con una cualidad estética particular, pero homogénea al estilo general. Por ejemplo, el capítulo cinco, titulado Fearful Symmetry está dibujado de tal modo que la disposición de viñetas de la primera página es la imagen especular de la disposición de la última, la segunda lo es de la penúltima, etcétera. Por su parte, el cuarto capítulo, Watchmaker hace un juego bastante ingenioso del espacio-tiempo.

Cada capítulo arranca con un primer plano de algún detalle de la primera viñeta, el cual sirve de portada. También hay un epígrafe al comienzo de cada número, que aparece abreviado y se emplea como título del capítulo. La cita se reproduce íntegra al final del episodio, mencionando al autor de la misma: cumple entonces la función de resumir los hechos que acaban de tener lugar.

Tanto Moore como el dibujante Dave Gibbons diseñaron Watchmen con la intención de aprovechar al máximo las cualidades narrativas específicas del cómic. Al respecto, Moore expresó muchas veces que le interesaba «concentrarse en aquellas cosas que solo el cómic podía lograr». En consecuencia, Watchmen fue diseñado para ser leído «cuatro o cinco veces», toda vez que ciertos enlaces y alusiones solo se hacen evidentes tras varias lecturas.

Por su parte, Gibbons ha declarado que diseñó deliberadamente el aspecto visual del cómic con un carácter específico, de modo que cada página pudiera identificarse a primera vista.

Hasta el más mínimo detalle está perfectamente planeado para que tenga relevancia en la historia, de modo que cada viñeta contiene detalles significativos o símbolos —como triángulos y pirámides—, que están relacionados con la trama. Esto les permitió a Moore y Gibbons crear un relato donde todo, absolutamente todo está relacionado.

En consecuencia, el mundo de Watchmen no se basa necesariamente en las reglas de causa y efecto, sino que plantea un universo complejo donde la coincidencia es un aspecto fundamental, pues da lugar a ciertas conexiones que se sincronizan y dan forma a los eventos. A lo largo de la serie, todo tiene un significado y cada acto tiene un propósito, aunque estos no resulten tan evidentes a primera vista.

Para Moore, fue esta propuesta narrativa la que más resonó en el público: «De pronto, la gente se daba cuenta que su visión del mundo no se adecuaba a la complejidad del mundo real, este mundo sombrío y aterrador en el que nos sumergíamos cada vez más. Watchmen ofrecía, pues, la posibilidad de percibir el mundo como algo que tenía sentido: todo estaba conectado, y las interacciones y relaciones que surgían en este universo tenían sentido, la existencia tenía un propósito».

La obra de Moore adquiere, de esta manera, una dimensión ontológica ajena a cualquier otro cómic que se haya escrito antes. No obstante, no deja de ser un cómic de superhéroes con una intriga criminal, de modo que hay algo para cada gusto. Así, un lector que no esté interesado en temas reflexivos se conformara con resolver el crimen. Habrá, también, quienes solo aprecien la obra por el genial arte de Gibbons o quienes se vean cautivados por la conspiración mundial que se narra en sus páginas. Moore y Gibbons se encargaron de crear un universo vasto y complejo que permite que cada lector puede decidir hasta donde desea sumergirse.

vinieta del comic watchmen

Por ejemplo, al final de cada número se presenta, a manera de apéndices,  una serie de documentos ficticios que nos permiten profundizar en los acontecimientos, así como en la biografía de algunos personajes.  Dichos materiales no guardan relación directa con la trama y uno puede ignorarlos si así lo desea. No obstante, su lectura complementa y enriquece la experiencia.

Lo mismo ocurre con los Relatos del Navío Negro, un cómic que aparece dentro de la diégesis y cuyos acontecimientos se relacionan con lo que sucede con los personajes principales. Al respecto, Moore ha comentado que la historia del navío puede usarse como contraposición para eventos específicos de la trama, como por ejemplo, la historia del propio Adrian Veidt o el exilio del Dr. Manhattan a Marte.

Aspecto narrativo

Como ya hemos mencionado, Watchmen es, principalmente, el resultado del sombrío paisaje político que atravesaba el mundo en los años ochenta, mientras la Guerra Fría alcanzaba su punto más álgido y la destrucción nuclear parecía, repentinamente, una posibilidad real. Estos temores se vieron reforzados con la tragedia de Chernobyl, en abril de 1986.

En palabras de su autor, Watchmen utiliza los clichés del formato superheróico como pretexto para profundizar en las nociones del poder y la responsabilidad, en un mundo que era cada vez más complejo. «Tratamos a estos personajes ridículamente poderosos más como humanos que como superhéroes, utilizándolos como símbolos de diferentes puntos de vista».

La obra está narrada con un punto de vista relativamente objetivo: en términos generales, se le permite al lector conocer los eventos relevantes de la trama, pero hay ocasiones en que Moore emplea la narración en primera persona para conocer los pensamientos de los personajes. Este recurso resulta relevante por innovador, ya que remplaza los bocadillos de pensamientos, tan empleados en los cómics de aquel entonces. Así mismo, la narración es no lineal, es decir, salta del presente al pasado y de un espacio a otro. Esto le permite a Moore yuxtaponer la imagen y el texto, dando lugar a una mayor dimensión narrativa.

Cuando no estamos siguiendo a los vigilantes que intentan resolver el misterio de quién mató al Comediante, somos testigos de eventos cotidianos en la vida de gente ordinaria: dos detectives que intentan resolver el crimen, el editor de una publicación de extrema derecha, un cínico voceador, un chico aficionado a las historietas del Navío Negro, una taxista homosexual aficionada a la revista Hustler, un psiquiatra con problemas maritales, etcétera. Ninguno de estos personajes —con excepción del psiquiatra Malcolm Long— intervienen directamente en la trama principal, pero su presencia ayuda a enriquecer el relato y contribuye a representar los miedos más populares de la época.

Para el tiempo en que se publicó Watchmen, los temores a una guerra nuclear estaban más que justificados: las dos superpotencias más grandes del mundo estaban en constante choque y la posibilidad de que la Tercera Guerra Mundial estallara en la más mínima disputa era mayor cada día. Esto influye en el tono y en la estética de la obra: el universo que nos muestra Alan Moore es oscuro y sombrío, pero, sobre todo, es perverso y cruel; la violencia acecha en cada rincón y la nostalgia por tiempos mejores solo sirve para realzar su aspecto decadente.

En su artículo de 1989, Nada jamás termina: enfrentando el apocalipsis en Watchmen, Christian W. Schneider argumenta que el uso extensivo de sangre y colores oscuros, así como de crímenes vívidos y escenas violentas establece una atmósfera gótica, de modo que el mundo que nos muestra se siente «sombrío, con sus lados más negativos expuestos […] en última instancia, es un mundo que no vale la pena salvar».

nothing ever ends whatchmen

En un mundo semejante, tan sombrío y siniestro, las fronteras morales se vuelven borrosas. De pronto, los criminales no son los únicos que matan e incluso los asesinatos cometidos por los héroes llegan a ser aún más crueles.

Este es el otro gran aspecto de Watchmen: su planteamiento moral. La premisa inicial de la serie era examinar cómo serían los superhéroes «en un mundo real y verosímil». Por tanto, la intención de Alan Moore fue crear cuatro o cinco «formas radicalmente opuestas» de percibir el mundo y darle a los lectores el privilegio de determinar cuál era moralmente el más comprensible, de acuerdo a su experiencia.

«Lo que queríamos hacer era presentar a todos estos personajes, con todas sus virtudes y todos sus defectos, mostrando que incluso el peor de ellos podía cometer actos heroicos… ».

La ambigüedad moral en Watchmen

A diferencia de muchos cómics, la obra de Moore no tiene un claro protagonista o antagonista. Así mismo, los personajes carecen de superpoderes: son, por lo tanto, demasiado humanos y por lo tanto falibles, algo poco convencional para el género.

Por otro lado, tampoco luchan contra fuerzas del mal claramente definidas; los principales conflictos a los que se enfrentan son éticos y morales, así como a sucesos de corte más realista: acoso escolar, abuso infantil, violación sexual, adulterio, etcétera.

Sin superpoderes, lo que los distingue, además de su vestuario, es su moralidad, su postura ante la vida y el mundo: cada uno siente una profunda necesidad de ser un héroe y eso es lo que finalmente les empuja a convertirse en uno.

En su artículo ¿Quién vigila a los vigilantes?, el autor S. Evan Kreider analiza la moralidad de los personajes principales: Rorschach, Dr. Manhattan y Ozymandias (Adrian Veidt), tomando como punto de partida una pregunta fundamental: ¿Es moralmente aceptable sacrificar los intereses de unos pocos por el bien de muchos?

Kreider concluye que Watchmen no ofrece una respuesta correcta a esta pregunta. En esto consiste su verdadero sentido moral, ya que sin una distinción clara entre lo que es correcto o incorrecto, la esencia del superhéroe se ve radicalmente afectada.

Al igual que Kreider, Jeffrey Wu hace un análisis verdaderamente exhaustivo de los personajes y sus puntos de vista. En su ensayo El mayor bien, Wu expresa que la serie se rige por cuatro puntos de vista primordiales: Rorschach, El Comediante, Dr. Manhattan y Ozymandias.

Rorschach watchmen en un callejón

RORSCHACH

Wu plantea que «Rorschach […] abraza esta crueldad circundante en cada momento de cada día. Percibe todo el mal que le rodea y ha hecho que el propósito de su vida sea extinguirlo a toda costa. […] el mundo lleva a Rorschach al límite, hacia la locura y el nihilismo extremo. Sin embargo, no está exento de moral. Tiene una idea de lo correcto y lo incorrecto; simplemente no es la misma idea de lo correcto y lo incorrecto que todos los demás».

Por su parte, el historiador de cómics Bradford W. Wright lo describe como un personaje cuya visión del mundo es «en blanco y negro, y que llega a tomar muchas formas, pero nunca se mezcla en tonos de gris». Según Wright, Rorschach ve la existencia como aleatoria lo que le permite «garabatear [su] diseño propio en un mundo que es moralmente semejante a un lienzo en blanco».

En palabras del propio Alan Moore: «Para él la existencia es aleatoria, no tiene patrón excepto lo que imaginamos después de mirarlo demasiado tiempo. No tiene sentido, salvo lo que elegimos imponer».

En todo caso, lo que lo hace verdaderamente aterrador es que él mismo se nombra juez, jurado y verdugo de su propia moral. Esta confianza ciega en su propio juicio le permite determinar quién vive y quién muere. Así mismo, este punto de vista tan particular es lo que le lleva a ser el único que se opone al plan de Ozymandias.

Al respecto, Moore dijo que no preveía la muerte de Rorschach hasta el cuarto número, cuando se dio cuenta de que su negativa a ceder en sus principios resultaría en su inevitable muerte.

dr manhattan watchmen

DR. MANHATTAN (JON OSTERMAN)

Según el artículo de Jeffrey Wu, «ningún otro personaje representa mejor la idea de la falta de sentido que el Dr. Manhattan, el único héroe de la obra con superpoderes».

Nacido de un accidente nuclear, Manhattan es esencialmente un dios, con una brújula moral bastante confusa. Pese a que tiene la capacidad de cambiar el mundo con un solo pensamiento, decide trabajar para el gobierno de los Estados Unidos, justificado por un razonamiento bastante ambiguo: «Todos somos marionetas. Yo solamente soy una que tiene la capacidad de ver los hilos».

Manhattan representa un universo determinado, pues advierte y experimenta el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo. No obstante, a pesar de que sabe lo que va a ocurrir, es incapaz de actuar de forma distinta a lo que «debe ocurrir». Sus reacciones, por tanto, son genuinas por inevitables. Se sorprende de un acontecimiento porque debe sorprenderse, a pesar de que ya sabe con anticipación lo que va a ocurrir.

El ya citado Christian W. Schneider le considera «el personaje más ineficaz» de Watchmen: «Dr. Manhattan ha recibido un poder divino pero, al mismo tiempo, se ve impotente ante el flujo del tiempo».

Por su parte, Moore plantea que Rorschach y Manhattan, en esencia, ven el mundo de manera similar, aunque sus posturas parezcan diametralmente opuestas: para Rorschach, se trata de una «oscuridad sin sentido», mientras que Manhattan se centra más en «la oscuridad del ser».

A pesar de ello, Manhattan decide basar su moral en la preservación de la vida humana, la cual siempre parece encontrar una manera de restablecerse después de una gran tragedia o un período de paz.

OZYMANDIAS watchmen comic

OZYMANDIAS (ADRIAN VEIDT)

Por su parte, Adrian Veidt, Ozymandias, se rige bajo la consigna de que el fin justifica los medios. Esto le permite ignorar el daño a corto plazo en aras de alcanzar el bien mayor, lo que le lleva, eventualmente, a asesinar a millones de seres humanos para lograr la paz mundial.

Mientras que Rorschach representa la justicia por propia mano y Manhattan una ética deontológica orientada al deber ser, para Ozymandias lo correcto y lo incorrecto están determinados por las consecuencias de nuestras acciones y nada más.

De acuerdo a Richard Reynolds, en su intento de «ayudar al mundo», Veidt muestra un rasgo que normalmente se le atribuyen a los villanos de las historias de superhéroes y, en cierto sentido, él es el villano de la serie. No obstante, de todos los personajes, es el único que asume su responsabilidad como superhéroe y, por lo tanto, el que muestra el mayor deseo de hacer una diferencia, de cambiar al mundo para bien.

Como él mismo lo expresa: «Sé que he pasado por encima de vidas inocentes para salvar a la humanidad […] pero alguien tenía que soportar el peso de ese horrible y necesario crimen».

Para Dave Gibbons, el peor de sus pecados es menospreciar a la humanidad, creyéndose superior. Y es que a pesar de que parezca que, en última instancia, Veidt busca el bien de los demás, en realidad está motivado por una necesidad egoísta de satisfacción, una necesidad de saberse el salvador del mundo y sentir que está haciendo la diferencia.

El comediante edward blake comic watchmen

EL COMEDIANTE (EDWARD BLAKE)

El punto de vista del Comediante es al mismo tiempo despiadado, cínico y nihilista. Sin embargo, de todos los personajes es que mejor comprende cuál es la función del héroe disfrazado.

A pesar de que ya está muerto cuando comienza la historia, El Comediante es uno de los personajes más importantes. Su personalidad y motivación es verdaderamente profunda: Blake es capaz de violar mujeres y matar niños, justificando sus acciones como actos de guerra, pero también es capaz de ver las grietas en el sistema.

Por tanto, la insignia que porta —un Smiley— no es ni una declaración ni una denuncia, sino que simplemente representa su capacidad de ver a la sociedad como lo que es: contradictoria. Por un lado, decimos que rechazamos la guerra y, por el otro, la provocamos constantemente. En pocas palabras, para El Comediante no importa cómo la sociedad se considere a si misma, al final nada importa y todos estamos condenados, por lo tanto, cualquier principio moral o religioso es simplemente absurdo e inútil. Esa es la verdadera broma.

Relevancia del cómic para la serie de HBO

Tomando en cuenta que la reciente serie de HBO desarrollada por Damon Lindelof se trata de una secuela directa de la obra de Moore y Gibbons, quizás la pregunta más pertinente sería: ¿es realmente necesario conocer todo lo anterior para poder disfrutar de la serie? Mi opinión es que sí.

Después de todo, la serie intenta hacer una obra respetuosa de la obra original, emulando la estética y la calidad narrativa de Moore. En ese aspecto, el argumento es, al igual que el cómic, un reloj perfectamente sincronizado, donde todo está conectado, a veces de maneras insospechadas. Ahora, los elementos narrativos ya no solo hacen referencia al trabajo original sino que se entretejen en un universo mucho mas amplio.

Por otro lado, al ser Watchmen una obra particularmente compleja, como ya hemos visto, es imposible comprender la serie sin tener al menos un leve conocimiento del texto original. Esto no quiere decir que haya que ser un experto en el cómic, pero considero que si es necesario haberlo leído al menos una vez para lograr entenderla.

La primera parte de este artículo tiene la intención de brindarle al espectador un apoyo que le permita navegar por ese vasto y profundo océano que es Watchmen y así poder disfrutar de la serie al máximo.

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