Mr. Jones. La verdad cautiva

Análisis de películas
Publicado: 06 Abril 2020
Escrito por Jorge Rodríguez Patiño

Mr. Jones vs. los cómplices del genocidio

En 1953, Czesław Miłosz escribió una de sus más grandes obras, la cual lleva por nombre El pensamiento cautivo. En ella, denuncia, entre otras cosas, la complicidad que mostró la clase intelectual con los horrores y las mentiras del régimen estalinista.

Este bien podría ser el tema de Mr. Jones (Polonia-Reino Unido-Ucrania, 2019), el más reciente filme de la cineasta polaca Agnieszka Holland, quien fuera asistente de Andrzej Wajda en El hombre de mármol (Czlowiek z marmuru, Polonia, 1977) y colaboradora del que a mi parecer es el más grande cineasta de todos los tiempos, el incomparable Krzysztof Kieslowski.

Mr. Jones nos cuenta la historia de Gareth Jones, uno de los primeros periodistas en informar sobre la gran hambruna que azotó distintas regiones de la Unión Soviética, en especial Ucrania, donde el evento —mejor conocido como el Holodomor—, es hoy considerado un genocidio provocado por el régimen estalinista.

La aportación de Jones sería determinante para rasgar la cortina de superioridad que ostentaba la Unión Soviética antes de la Segunda Guerra Mundial, dejando al descubierto un sistema que, si bien desde el inicio estaba legitimado por la Revolución de Octubre, bajo la autoridad de Stalin había degenerado en una pesadilla.

mr jones escena del filme

Ingeniosamente, la cineasta introduce la figura de George Orwell para darle mayor dimensión a su relato. Para ello se sirve de las teorías —cada vez más probables— que plantean que el autor de 1984 bien pudo haberse basado en la figura y los textos de Gareth Jones para escribir su novela Rebelión en la granja.

«En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario». Esta frase, frecuentemente atribuida a Orwell,[1] parece ser el eje primordial del filme. No obstante, el tratamiento que hace la directora resulta, por momentos, un tanto ingenuo. Y es que si bien nadie niega el heroísmo de Gareth Jones, en el filme pareciera que él solo basta para derrumbar el régimen estalinista desde sus cimientos.

Incluso, el mismo Orwell sabía que no bastaba con decir la verdad para derribar a un sistema. Por el contrario, era un poco más cínico al entender cuán relativa podía ser la verdad.

En su texto, Looking back on the Spanish War, escribe lo siguiente:

Tengo poca evidencia directa sobre las atrocidades cometidas en la Guerra Civil Española. Sé que algunas fueran cometidas por los republicanos, y muchas más (todavía continúan) por los fascistas. Pero lo que me impresionó entonces, y me sigue impresionando, es que las atrocidades se creen o no se creen únicamente por motivos de predilección política. Todos creen en las atrocidades del enemigo y no creen en los de su propio lado, sin molestarse en examinar la evidencia.[2]

Por supuesto, no es el único ejemplo. Podemos encontrar esta desilusión por el concepto de verdad en varios de sus escritos.

Lo realmente aterrador del totalitarismo no es que cometa "atrocidades" sino que ataca el concepto de verdad objetiva; pretende controlar tanto el pasado como el futuro.[3]

Este último párrafo derivaría en aquella famosa frase de su novela 1984:

Si el Partido podía alargar la mano hacia el pasado y decir que este o aquel acontecimiento nunca había ocurrido, esto resultaba mucho más horrible que la tortura y la muerte.[4]

Así, mientras Agnieszka Holland parece conformarse con la máxima bíblica «La verdad os hará libres», Orwell va un poco más allá y se pregunta si existe una verdad, para empezar.

mr jones protagonista tomando fotos

Después de todo, como diría Foucault, la verdad se configura en función del discurso. «No hay hechos, hay solo interpretaciones», diría, por su parte, Nietzsche.

Esto, por supuesto, no se refiere a si la Gran Hambruna existió o no, sino a que su existencia se debe no solo a las acciones de un sistema monstruoso, capaz de las peores atrocidades, sino a la complicidad de diversas esferas sociales, tan inmersas en la ideología, que prefirieron mirar hacia otro lado.

Con base en lo anterior, resulta un tanto extraño que Holland tome la decisión de priorizar el happy ending a la reflexión, toda vez que el tema se prestaba a suscitar un debate sobre la condición humana y su disposición a corromperse con facilidad.

No obstante, debemos considerar que el estilo de la cineasta le debe más a sus frecuentes coqueteos con el cine comercial occidental,[5] que al pensamiento crítico y pesimista que define a muchos de su generación —entre la que se cuentan grandes nombres como los ya mencionados Czesław Miłosz y Krzysztof Kieslowski, pero también Zygmunt Bauman, Stanisław Lem y la fenomenal poeta Wisława Szymborska—.

Una de las grandes enseñanzas del suceso histórico al que hace referencia el filme es que la verdad se encontraba cautiva por el régimen estalinista, pero también por todos aquellos que se resistían a creer que semejantes atrocidades pudieran ser ciertas. Revolución o muerte decía la consigna. Lamentablemente, en el caso del pensamiento crítico de muchos, esto fue cierto.


[1] No existe ninguna cita directa que demuestre que el escritor es el autor de esta frase.
[2] George Orwell. Looking back on the Spanish War, 1943.
[3] George Orwell. As I Please, Tribune, 4 de febrero de 1944.
[4] George Orwell. 1984. Ediciones De Bolsillo, Editorial Planeta.
[5] El tercer milagro, Eclipse Total, El jardín secreto y algunos capítulos de las series House of Cards y El bebé de Rosemary se cuentan entre su filmografía

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