En análisis: Parásitos [SPOILER]

Análisis de películas
Publicado: 16 Enero 2020
Escrito por Jorge Rodríguez Patiño

ADVERTENCIA SPOILER: El artículo que va a leer a continuación hace referencia a partes de la trama (argumento) de la película, no seguir leyendo si no desea que le destripemos cosas del filme.

Sobrevivir sin ser visto

En Parásitos (Gisaengchung, Corea del Sur, 2019) Bong Joon Ho nos habla de un tema ya recurrente en él: la desigualdad social. Y es que, en más de un sentido, Parásitos guarda mucha semejanza con obras anteriores del surcoreano, en especial Snowpiercer: Rompenieves, su película de 2013.

En ambas películas, los personajes están destinados a permanecer en un sitio, determinado por su condición social. No importa su valor como personas, así como tampoco importan sus capacidades; lo único verdaderamente relevante es que no se atrevan a salir de ese espacio. La prohibición es, en este sentido, moral y no tiene nada que ver con la justicia. Dicho de otra forma, la transgresión de los personajes no consiste en hacer lo posible para salir de la condición a la que han sido condenados, sino en desearlo.

Por eso es que resulta tan significativa la escena donde vemos a Ki-taek y a su familia comiendo en la sala de los Park.

Mientras comen, los Ki miran a la ventana, como acostumbran. La vista, sin embargo —un enorme jardín—, contrasta en este caso con la de su casa: bulliciosa y decadente, con borrachos orinando y gente gritando todo el tiempo. Es ahí donde, no conformes con haber conseguido empleo en casa de los Park por medio de engaños, comienzan a fantasear con poseer lo que estos tienen. Imaginan cómo será la vida si logran llevar su estafa un poco más allá. Ki-woo, por ejemplo, se imagina casado con la hija mayor de los Park.

Pero la realidad no tarda en darles un duchazo de agua fría, lo cual aquí resulta literal: y es que para no ser descubiertos por los Park, Ki-taek y su familia deben emprender el camino de regreso a su casa bajo una torrencial lluvia, descalzos y desnudos, solo para encontrar que su casa ha quedado sumergida por la inundación. El sueño ha terminado: esta es su realidad, a la que pertenecen.

Parasitos los cuatro miembros de la familia

Como decíamos, poco importa si su condición es justa o no. De hecho, ninguno de los cuatro miembros de la familia son flojos o vividores; lo que es más, de acuerdo a lo que logramos conocer de ellos, podemos asegurar que ninguno merece vivir en tales condiciones. Si engañan es porque no tienen otro medio de conseguir empleo en una sociedad donde este es escaso. Y si bien es cierto que se aprovechan de la ingenuidad de los Park, habría que entender que esta relación es recíproca, toda vez que los Park se benefician también con esa relación.

En todo caso, el verdadero problema no consiste en el engaño, sino en la aspiración de progresar, la cual, de acuerdo a la sociedad en la que viven, no deberían tener. A ellos debería bastarles con tener wi-fi gratis y comida en la mesa. Pero no, al igual que Curtis en Snowpiercer, desean más.

Pero también, al igual que a este último, su condición los limita. En una escena, Ki-taek escucha a su jefe quejarse de cómo huele; no es tanto su olor a viejo lo que molesta a Park, es el olor a pobre: ese olor que persiste y se acumula en el metro; acaso el olor de la humedad que hay en su casa y que impregna su piel, su ropa, todo su ser. Un olor que ya es característico de él y que no puede ocultar.

El comentario detona el resentimiento de Ki-taek. Es un comentario que humilla, que vulnera. Ki-taek comprende, de esta manera, que no importa lo que haga, nunca será igual a ellos. Y no hay piedras mágicas que puedan cambiar eso, y quien crea lo contrario terminará descalabrado.

Tampoco el esfuerzo o la planificación minuciosa pueden ayudarlos a salir de sus circunstancias. De ahí que la última secuencia sea de lo más triste: Ki-woo, el hijo de Ki-taek, sueña con comprar la casa de los Park, para así reencontrarse con su familia, que ha sido devastada por los eventos que ocurren en la película. Pero antes, su padre le ha dicho que los planes nunca se cumplen. Después de todo, el hombre no controla absolutamente nada y el éxito de un plan depende, en gran medida, de las circunstancias. Sabemos, así, que lo de Ki-woo es tan solo una fantasía adolescente, un sueño que nunca será cumplido.

Después de todo, la sociedad en la que viven está estructurada de tal forma para que todo esté en su contra. La única salida posible es hacia dentro: sobrevivir sin ser visto, parasitando entre las paredes.

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