En análisis 'Clara y Claire' - El hostil abismo de la existencia [SPOILER]

Análisis de películas
Publicado: 21 Marzo 2020
Escrito por Jorge Rodríguez Patiño

ADVERTENCIA SPOILER: El artículo que va a leer a continuación hace referencia a partes de la trama (argumento) de la película, no seguir leyendo si no desea que le destripemos cosas del filme.

Clara y Claire: Las ficciones que construimos para no afrontar la realidad

Ἤτοι μὲν πρώτιστα Χάος γένετ, «lo primero es el Caos». Así es como da comienzo la Teogonía de Hesíodo, luego de una larga invocación que hace el poeta a las musas. Aquí, la palabra «caos» (Χάος) poco tiene que ver con «desorden» o «confusión». Su significado es más cercano al de un «espacio que se abre», una «hendidura», pues procede del verbo χάω, que, en términos generales, significa «abrirse una herida».

Así pues, en su sentido más primordial, Χάος hace referencia a una ruptura, un abismo que no tiene medida.[1] La palabra, para Hesíodo, solo sirve para designar «el ámbito», es decir, esa dimensión inmensurable donde «tienen lugar» las cosas. De ahí que, en un principio, Caos y Cosmos (κόσμος) fueran empleados como sinónimos.

Por supuesto, encontramos cierta semejanza entre esta acepción de Caos y aquello que Lacan denominaba «lo Real», eso que no es imaginario y que tiene una existencia propia. Al igual que el Caos, infinito, lo Real no puede ser significado ni aprehendido en su totalidad.

Sin embargo, el hombre está inmerso en el Caos y requiere dar estructura a la realidad que le rodea para poder relacionarse con ella. Para ello recurre al lenguaje, que le ayuda a ordenarla y darle significado. Este proceso de significación tiene lugar desde que la identidad del sujeto comienza a estructurarse.

Así, podríamos decir que cada componente que nos ayuda a dar orden a la realidad es un punto de apoyo que le da continuidad a la experiencia de ser nosotros mismos. La estructura resultante es una suerte de tapete que si bien es endeble, al menos nos permite pararnos encima del abismo, del Caos que queda debajo.

Siguiendo con la metáfora, dicho tapete está compuesto con una serie de significaciones que se van entretejiendo con nuestras experiencias y le van dando sentido a nuestra realidad. Todas ellas son importantes y están entrelazadas, por lo que, a veces, cuando se rasga una se pone en riesgo la integridad de las otras. Se forma, entonces, una hendidura, que no es otra cosa que ese Caos primordial, el abismo de la realidad que queda al descubierto y nos genera angustia.

Bajo este enfoque es como debemos analizar la premisa de Clara y Claire ('No soy quien crees' en hispanoamérica | 'Celle que vous croyez', Safy Nebbou, Francia-Bélgica, 2019), la cual podemos definir mediante la siguiente frase: cuando la realidad es demasiado hostil, el sujeto tiende a refugiarse en la fantasía.

Para Claire (Juliette Binoche) —al igual que para muchos—, el matrimonio es parte de ese entramado que estructura su realidad. Representa una suerte de pacto que, en apariencia, conjura a la soledad y a la angustia que esta conlleva. Por eso, cuando se entera de la infidelidad de Gilles (Charles Berling), su esposo, apenas puede tolerarlo. De pronto, esa promesa que mantenía a la distancia el miedo al abandono se desvanece. El pacto se ha roto y lo que queda en su lugar es esa herida que deja ver el Caos.

La pérdida del «único hombre al que ha amado» produce en ella un derrumbe interno. Su estructura fundamental, su identidad, su amor propio y todos aquellos puntos de apoyo que le daban continuidad a la experiencia de si misma le son arrebatados.

Pero Claire no elabora emocionalmente el duelo por esta pérdida, lo que le impide hacerse cargo de ella misma. Esta no reelaboración ocasiona que se abran heridas de su pasado. En ese sentido, podemos intuir que hay algún trauma en ella que le resulta insoportable y que queda al descubierto con el abandono. No obstante, es probable que tales heridas sean inconscientes para ella. En cambio, lo que sí resulta evidente es su intento desesperado por huir del dolor, por evadir la realidad.

Al respecto, Freud hablaba de la represión como una operación por la cual intentamos rechazar o mantener en el inconsciente pensamientos o sentimientos cuya carga traumática nos excede.

clara y claire escena de clara rota

Por si fuera poco, el abandono de Gilles se suscita a partir de una infidelidad, por lo que Claire no solo debe lidiar con el duelo que produce la separación, sino también con aquellas circunstancias inherentes a la traición. De un instante a otro, ella ha dejado de «serlo todo» para su ser amado y esto supone un duro golpe para su autoestima.

Gilles la ha cambiado, además, por un «modelo mucho más joven», lo que descubre otros miedos que antes permanecían ocultos. Obligada a vivir en esta «nueva realidad», Claire pronto se da cuenta que tiene una edad en la que ya no resulta tan fácil volver a comenzar. La omnipotencia de la juventud ha perdido su poder, dejando ver el abismo de la muerte. Después de todo, el miedo a la vejez es también el miedo a la muerte.

Así, una a una, las coordenadas que le daban sentido a su «antigua realidad» comienzan a desintegrarse. Volviendo a la metáfora previa, es como si alguien le hubiese retirado abruptamente el tapete en el que se encontraba parada. Su identidad ha quedado deshecha, fragmentada, tal y como nos lo muestra el director en varias secuencias donde el rostro de la protagonista se ve multiplicado en el espejo.

La única solución posible es reconstituirse. En su intento por sentirse joven, encuentra en Ludo (Guillaume Gouix) un amante muchos años menor que ella. Como un vampiro, intenta succionarle la juventud. Esto, por supuesto, es imposible, pero, al menos en apariencia, le permite a Claire distanciarse de la realidad y de su carrera contra el tiempo. Pospone, pues, el encuentro con la decadencia.

Pero lo cierto es que Claire no ha hecho el duelo ni tampoco ha lidiado con la infidelidad de su esposo. No reconstruye, así, su imagen a partir de los pedazos rotos que han quedado esparcidos en el suelo. Lo que hace, más bien, es esconder todos esos pedazos en algún sitio donde no pueda verlos. No obstante, aunque ocultos, sus temores acechan y a veces logran salir a la superficie. Por ejemplo, su miedo a ser abandonada nuevamente la hace celar obsesivamente a Ludo quien, dicho sea de paso, no toma su relación como algo serio.

De este modo, cuando Ludo le anuncia que partirá en un viaje de negocios, la brecha del abandono queda expuesta nuevamente. Para defenderse del abismo, Claire recurre a la fantasía de la idealización y del control obsesivo. Comienza a buscar a Ludo obsesivamente, pero él no responde a sus llamadas o se muestra distante. En otra ocasión, quien le responde es Alex (François Civil), su compañero de piso. Claire alcanza a escuchar como éste y Ludo se burlan de ella. El acontecimiento revive todos sus miedos. El abismo que se mantenía alejado nuevamente comienza aproximarse.

Su control obsesivo la hacen crear un perfil falso para espiar a su amante, pero, de pronto, descubre que las redes sociales le proporcionan una vía de escape. Sin darse cuenta, Claire queda enganchada en una fantasía que le ayuda a evitar todo aquello a lo que no puede hacerle frente. De pronto, la posibilidad de ser una persona más joven le brinda esa satisfacción que antes le proporcionaba Ludo.

Clara frente a su ordenador en Clara y Claire

Además, se vuelve una forma de reconstituir su personalidad destrozada luego de la infidelidad de Gilles. Así, para darle vida a Clara —su nueva identidad virtual—, Claire elige, significativamente, la imagen de Katia (Marie-Ange Casta), su contrincante; la misma joven que le arrebató el amor de Gilles. Es a partir de este perfil falso que Claire se reinventa a si misma. Es ella, pero también la otra. Al usar la foto de Katia, Claire expresa el anhelo que tiene de ser su rival; desea todo aquello que ella posee: juventud, belleza y el amor de Gilles que le daba estructura.

A partir de entonces, todos los halagos que recibe Clara/Katia le pertenecen. Claire no solo redefine así su identidad, sino que también transforma su entorno social. De pronto, se llena de vida. Y cuando Alex, el amigo de Ludo, se fija en ella y comienza a cortejarla, ve todas sus fantasías cumplidas. El obstáculo —el abismo que la acecha— es retirado mediante la evasión.

Como es de esperarse, la relación con Alex se hace más fuerte. Él, por su parte, se enamora de una fantasía que le ayuda a lidiar con los problemas de su propia realidad, pero que, al cabo del tiempo, ya no le resulta suficiente. Alex necesita más; le expresa a Clara su anhelo de conversar con ella, pero esto representa para Claire, una nueva dificultad: hablar por teléfono significa dar su número, lo que descubriría la farsa.

Encuentra la solución en un móvil que su hijo ya no usa. El aparato, por supuesto, es una representación de ella misma: Claire es también un modelo desechado, el cual ha sido intercambiado por uno más joven, más novedoso. Ahora, ella emplea este viejo modelo y le da una segunda vida. Una segunda oportunidad.

Es importante aclarar que, hasta este momento, no había nada en Clara que en realidad le perteneciera a Claire. No solo su aspecto físico le pertenecía a otra persona, sino que incluso las palabras que usaba para hablar con Alex mediante el chat no le pertenecían; Claire debía escribir con un lenguaje juvenil al que no estaba acostumbrada. De cierta forma, sus palabras, sus expresiones, no eran suyas. Le eran ajenas.

Es por medio de la voz, a partir de que comienza a conversar con Alex por medio del móvil que Claire por fin le otorga a Clara una identidad. Dicha identidad se ve reforzada en el instante en que Alex le expresa lo mucho que le gusta su voz: Claire por fin se vuelve Clara y comienza a perder contacto con la realidad.

clara y claire escena de la pelicula

Eventualmente, ocurre lo inevitable: la relación entre Alex y Clara se estrecha hasta el punto que a él resulta insoportable no encontrarse cara a cara. En varias ocasiones quedan de verse, pero Clara, por supuesto, nunca se presenta. Quien sí se presenta es Claire, pero Alex, por supuesto, no la reconoce. Entre ellos hay un abismo insalvable, el abismo de lo real. Es tan inmenso que, al cabo de un tiempo, a Claire le resulta imposible sostener la fantasía y se resigna a renunciar a ella. No obstante, lo que obtiene cuando la fantasía se desintegra es una especie de pesadilla.

Después de terminar con Alex, Claire se entera que se ha suicidado. El acto le resulta doloroso, pero también satisfactorio. De hecho, es doblemente satisfactorio: por un lado, encuentra atractivo que alguien se haya quitado la vida por ella, es su ego herido el que se regocija. Por el otro, encuentra su deseo destructivo satisfecho y esto le complace. En este juego de identidades, Claire es Clara, pero, de cierta forma, también es Katia. De la misma forma, Alex representa al ser amado, un puesto que también ocupa Gilles. La muerte de Alex es, pues, la muerte de aquel que la traicionó.

Esta doble satisfacción, por supuesto, es inconsciente. De ahí que pronto se transforme en una culpa insoportable, pero que para Claire constituye una nueva ficción que le ayuda a evadirse nuevamente. Al igual que hizo previamente con su perfil falso, Claire se engancha con la culpa. Se obsesiona con ella. Acaso le resulta más fácil de manejar.

Para lidiar con ella, Claire se inventa una nueva realidad. Crea, literalmente, una ficción, una novela donde se castiga y dirige todos sus deseos destructivos hacia si misma. Esta narrativa resulta bastante interesante, porque desvela ciertos aspectos de su inconsciente.

Por un lado, podemos ver el abismo al que siempre elude, pero se acerca peligrosamente. Esto se ve representado en aquella toma cenital donde ella y Alex se pasean por bicicleta a escasos metros de la orilla de un acantilado.

En segunda instancia, podemos ver cómo Alex la ayuda a reconstruir su identidad, mientras le toma fotografías para la cubierta de su libro. Este hecho es significativo porque se vuelve la contraparte del perfil de Clara. Como dijimos, no hay nada en esa identidad virtual que, en principio, le pertenezca a Claire: la imagen es de Katia y las palabras que usa para chatear le son ajenas. En cambio, en el libro, las palabras son de una mujer madura y experimentada que ha alcanzado la realización profesional. La foto que Alex le ayuda a poner en la cubierta es la consumación de esta identidad.

Aquí cabe detenernos en un aspecto crucial de su personalidad. Narcisista como es, Claire requiere de la mirada del otro para reforzar su autoestima. Por eso es que, para dar clase, prácticamente se para en un escenario que solo ella es capaz de llenar con sus conocimientos. Por eso también es que se la pasa tratando de seducir a su terapeuta (Nicole Garcia) con sus historias eróticas que solo buscan despertar su curiosidad. Es también la razón por la que comienza a seducir a Alex durante la sesión de fotos.

Después de dicha sesión, ambos comienzan un romance, solo que en esta fantasía es Claire quien se queda con el ser amado, arrebatándole a Clara/Katia la victoria. Sin embargo, esta fantasía idílica se rompe en el momento en el que Alex le confiesa que lo que más le gusta de ella es su voz; precisamente, lo único que comparte con Clara.

Es entonces que la duda vuelve a asaltarla: ¿a quién prefiere Alex? ¿A Clara o a Claire? En un instante, la pregunta «¿Qué tiene ella que yo no tengo?» se vuelve irresoluble. Antes, Clara/Katia poseía el amor de Gilles que le había arrebatado, junto con su juventud y belleza. Ahora, lo que le ha arrebatado es su voz. Es en este momento cuando nos damos cuenta que la afirmación que da título al filme —no soy quien crees—, no está dirigida al otro, sino a ella misma.

«Hay algo fatal en todo retrato. Tiene vida propia», afirma con pesar Dorian Gray, otro personaje obsesionado con la juventud. Esto resulta terriblemente cierto para Claire. Nuevamente, la fantasía se desintegra para dejar paso a la pesadilla, solo que, en esta ocasión, el impulso destructivo es dirigido a ella misma.

Después de confesarle indirectamente a Alex la verdad —que ella es Clara—, termina muriendo en un accidente de lo más atroz. De este modo, la novela que ha escrito expresa su anhelo de confesar la verdad, no solo a Alex, sino también a su terapeuta. Es su forma de lidiar con el abismo.

Al final, la resolución del conflicto dramático ocurre cuando Claire se entera que Alex sigue vivo. No obstante, esto solo la libera de la culpa que, como dijimos, para ella era tan solo un pretexto para eludir la realidad. En el momento en que la culpa se quita de la ecuación, encontramos que Claire sigue encontrándose en el mismo punto muerto, lo que queda claro en la última toma, cuando toma el teléfono para llamarle a Alex.

En resumen, el filme nos habla de cómo significamos la realidad para evitar enfrentarnos a aquellos aspectos que nos resultan insoportables y nos rebasan. Como ya hemos dicho, la ficción nos proporciona ese entramado que nos ayuda a sortear el abismo. Con los constantes giros de tuerca, el director nos muestra cómo vamos estructurando estas diferentes ficciones, a veces superponiéndolas unas sobre otras.

Entre las diferentes ficciones, hay algunas que nos ayudan a significar el mundo y comprenderlo, como ocurre con la literatura. Otras, en cambio, lo que nos ofrecen es posponer el problema en lugar de confrontarlo; una vía de escape que no siempre resulta conveniente.

Al final, conocernos a nosotros mismos es algo que resulta imposible. Somos parte del Caos, el ámbito donde las cosas «tienen lugar». Inmersos en el abismo, lo único cierto es que no somos quienes creemos que somos.


[1] Incluso, en algunas ediciones, la frase a la que hacemos alusión se traduce como: «Primeramente, por cierto, fue Abismo».

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